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LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN TIENE QUE VER CON LA ÉTICA PROFESIONAL Y DIGNIDAD HUMANA DE LOS QUE EJERCEN EL PERIODISMO.
Por: Genaro Aragón Reyes.
Puerto Escondido, Oax.- En alusión a la libertad de expresión que se conmemora el 7 de junio, la Constitución General de la República, en el Artículo 7º esboza que es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia. Ninguna Ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública, en ningún caso podrán secuestrar la imprenta como instrumento del delito.
Sin embargo, cuando el periodista escribe, señalando a las personas y aduciendo que son responsables de un ilícito o varios, denigrando y haciendo hincapié que solo conoce de oídos, sin veracidad, sin certeza lo que emite o escribe, es cuando al periodista le hace falta ética profesional en su trabajo.
Cuando la verdad se desvirtúa, se comete un fraude en contra de la sociedad y en contra de la integridad moral de las personas y en contra de los principios de los periodistas, por ello, un código de ética sería formativo en los principios de honestidad.
No se puede concebir, la violación a la libertad de escribir y publicar, cuando esta facultad se le otorgue a quienes hacen daño social mal informando a la sociedad, siendo juez y parte, ya que hay “periodistas que cobran en los municipios como funcionarios” y por otra parte ejercen esta loable profesión que merece respeto al igual que la opinión pública.
Con esta actitud y doble cara están faltando a los derechos fundamentales de la libertad de expresión por una dadiva que reciben de su grupo o de políticos que protegen por adquirir un beneficio económico. Un escritor que tiene intereses de grupo y políticos, es un fraude social y denigra su propia pluma.
La ética encierra conocimientos de verdad, de sinceridad social, de honestidad pública, se puede tener la amistad de los actores públicos y estar en contra de un sistema o autoridad, pero jamás el comunicador debe faltar a sus principios y leyes que procuran la libertad y el derecho a la información que tiene la opinión pública, con veracidad y no la información que se emite vendiendo su silencio y criterio periodístico.
Ser profesional y ético es no coludirse con la corrupción y no emitir historias falsas como si estas fuesen verdaderas. De igual forma procurar una información o escribir sin investigar es denigrante al igual que mentir con un dato falso, sin tener una fuente real del o los acontecimientos, el vociferar en los medios electrónicos de manera tendenciosa, es una irresponsabilidad y falta de ética profesional, si es que se puede decir así.
El comunicador no solo es responsable ante la sociedad de lo que dice, también como lo dice, y del procedimiento por el cual ha obtenido la información ya que debe tener delante de todo interés personal la responsabilidad, credibilidad y del medio que representa.
Vender una nota por una comida o lo que se conoce en el ámbito periodístico como “chayo” es comprar su propia mordaza, además de ser un sinónimo de complicidad en lacerar y poner en duda su credibilidad, de lo que señala nuestro artículo 6º y 7º de la Constitución General de la República y su propia imagen como periodista.
No olvidemos lo que reza nuestra ley que señala el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública. La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque la moral, los derechos de terceros, provoque algún delito o perturbe el orden público, el derecho a la información será garantizado por el estado.
Faltar a nuestros principios éticos como periodistas es demeritar nosotros mismos la credibilidad a nuestra Constitución y a nuestra profesión, lo peor del comunicador es que se ciega por las dádivas, y se evidencia ante la opinión pública con los oficinistas, que siempre dan mucho que decir de sus malas acciones en contra de la sociedad.
Por otra parte hay que poner en la balanza la dignidad periodística de los que hablan el doble lenguaje, con la dignidad social, ya que dicen una cosa y hacen otra, como denigrar la loable actividad periodística, misma que debe de llevar los valores fundamentales de la libertad de expresión y la dignidad humana por delante en su escritura y el lenguaje emitido a la opinión pública de manera responsable.
Los valores están en la justicia, la dignidad, el respeto a los buenos hábitos y costumbres de los comunicadores, que deben de realizar su trabajo de manera consciente, el periodismo es por tanto, el valor de todo mexicano y el equilibrio entre la sociedad y el gobierno.
Ya que se habla de valores y se clama justicia, al igual que las corporaciones de seguridad pública donde se hacen purgas sobre el comportamiento y actitudes de sus elementos, con la práctica de buenas costumbres, de lealtad, honradez y la aplicación del examen antidoping para desempeñar su trabajo con respeto, dignidad para poder estar en igualdad del derecho moral con la sociedad, de igual manera debería de estar libre de vicios la imagen de los comunicadores.
La dignidad del comunicador debe tener un amplio contenido en el comportamiento y actitudes con la práctica de buenas costumbres, de lealtad, honradez y calidad moral y jurídica, para hacer valer los derechos fundamentales y la libertad de expresión ante la sociedad.
Es por lo tanto el entorno y las circunstancias del comunicador que debe de llevar como estandarte la dignidad de las funciones que desarrolla ante la sociedad, emanado de la verdad sin faltar a sus principios éticos profesionales, por servilismos e interés personal que laceran nuestra propia Ley y la libertad de expresión.
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